José Parra (Perfil Manifesto Art Magazine)

Entrevista a José Parra

José Parra, artista plástico multidisciplinario, dramaturgo, actor de teatro y gestor cultural. Uno de los pintores figurativos más destacados del país; nació en Guadalajara, Jalisco en 1975 y estudió en el Art Student ́s League de Nueva York, en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara, en el taller del maestro Carlos Vargas Pons, en el Estudio-Galería Parrech, y también la licenciatura en mercadotecnia en el ITESO.

Su estilo retoma el barroco novohispano y plasma sus discursos a través de simbolismos dignos de un ávido lector. El ojo escrutador del coleccionista puede sentirse estimulado al entender los guiños que deja el maestro Parra dentro de cada una de sus composiciones. Dentro de una aparente atmósfera nostálgica, rebozada de personajes llenos de abalorios, joyas, grandes banquetes, se asoma el surrealismo en la escena, y si uno no se deja embelezar por toda aquella cascada de ornamentos, colores y texturas de manera permanente, encontrará los ocultos discursos que realmente motivan la obra y que no siempre se advierten a primera vista.

…los ocultos discursos que realmente motivan la obra y que no siempre se advierten a primera vista…

En la pintura de José Parra, destaca una rica narrativa de los elementos que permean sus obras, donde podemos observar que se recrea, a través de su lenguaje pictórico, el mito por medio de una constante utilización de simbolismos y personajes que construyen su identidad universal.

Su obra pictórica ha sido catalogada y publicada en libros en México, Estados Unidos y Europa, y se encuentra en las colecciones de Fundación Black Coffee, Grupo Milenio, Museo del Centenario en Monterrey, Museo del Ayuntamiento en San Miguel Allende, Palacio del Gobierno del estado de Jalisco, Colección Riley de Arizona y la Colección del Rey Felipe VI de España.

Entrevista a José Parra

¿Cómo inicia tu carrera como artista?

Hubo una parte que se dio de manera muy natural ya que mi padre (Parrech) es pintor y por casi tres décadas se dedicó a la reproducción de arte sacro virreinal, actividad que sigue llevando a cabo mi tío (Agustín Parra), ésta fue una influencia que marcó una búsqueda estilística propia años más tarde. En el taller de mi padre se reproducían tanto obras de los grandes maestros de la pintura como piezas nuevas, sobre todo un tipo de pintura que se solía llamar “alacena” que consistía en un bodegón de gran formato distribuido en dos o tres repisas y generalmente enmarcado por un nicho pintado sobre el mismo lienzo, en ocasiones con azulejo de talavera. Cuando comencé formalmente en “Antiguos de Parrech”, fue éste tipo de piezas el que representó una de los mejores ejercicios de composición ya que había total libertad para jugar con los elementos siempre y cuando su distribución fuera armónica.

Con el tiempo comencé a jugar con los elementos que ya comenzaba a conocer mejor, creando entornos surrealistas a partir de la talavera, fruta y demás elementos propios de las “Alacenas” fue así que después de ganar un premio en Jalisco Arte Joven, pude llevar a cabo mi primer exhibición individual llamada “¿Qué pasa con la fruta mientras duermes?” en el Centro Cultural Chapalita y después en Ajijic. Esto fue un gran aliciente para continuar en la búsqueda, con el tiempo decidí seguir los pasos de mi padre en su juventud, pasando un tiempo en Puerto Vallarta, ir “a la aventura”.

En Puerto Vallarta comencé a trabajar con galería Pacífico y después estuve durante un período en el Centro Cultural Pueblo Real, en donde a cambio de un porcentaje sobre ventas me dieron oportunidad de montar un taller de pintura abierto al público, aún experimentaba con los elementos de las “alacenas” pero éstos ya convivían cada vez más con la figura humana. Fue en éste pequeño taller-galería donde conocí a Laurie Green, de Nueva York, quién tenía un salón de belleza en la calle 72 con una clientela “upscale” como ella solía mencionar, al cabo de un tiempo me invitaría a exhibir en su espacio, dónde más tarde conocería a los directores de Galería Belenky en Soho, que después de ver el trabajo me invitaron a una colectiva y después a una individual, para entonces ya estaba comenzando a experimentar con otros elementos, fue en Belenky donde por vez primera presenté una serie de arlequines.

En Nueva York tuve la fortuna de estudiar en el Art Students League y de conocer a Neil Zukerman de la Galería CFM, quién además de ser un gran mentor en el arte fue la inspiración para llevar a cabo años después las “Marquesadas” en Guadalajara, fiestas en trajes de época el último sábado de cada Octubre. Gracias a Neil conocí también el trabajo de la Maestra Francesa Anne Bachelier, quien fue una influencia decisiva en la búsqueda de mi lenguaje pictórico.
La estancia en Nueva York y relación con las galerías Belenky y CFM permitió trabajar de manera más fluida con galerías en Estados Unidos y Europa.

Al regresar a Guadalajara me integré de nuevo al equipo del taller de mi padre, ésta vez en una nueva modalidad, a través de Galería Parrech que estuvo abierta por aproximadamente diez años en San Pedro Tlaquepaque. Durante éste período se consolidó un lenguaje que abrevaba de las influencias de Nueva York, el primer período surrealista y el barroco novohispano con el que continuaba conviviendo día a día.

¿Qué momento de tu vida marcó tu camino como artista?

Creo que es difícil mencionar un sólo momento, pero definitivamente todo habría sido distinto de no ser por el detonante de NY, en donde hubo dos sucesos: haber atestiguado la caída de las Torres Gemelas y el contacto con el curador Neil Zukerman (desafortunadamente de deceso reciente). Neil fue la puerta a lo atemporal, a una Venecia que habita sólo en la mente, a composiciones con múltiples personajes, e incluso a nuevas imprimaturas.

¿Qué cosas de tu entorno diario inspiran tu obra?

Creo que el autor debe ser una especie de antena, que pueda captar de manera eficiente su tiempo y circunstancias, aunado a un criterio que le permita discernir entre el gran cúmulo de estímulos. El detonante puede venir de cualquier parte: una conferencia, un momento, un libro, una obra de arte de cualquier disciplina, un evento, e incluso un meme o tiktok. Tal vez la clave sea mantener despierta la sensibilidad y después analizar cómo hacer las conexiones más eficientes desde el propio acervo de información.

¿Cuál es tu intención, tu búsqueda, el objetivo de tu creación plástica?

La creación de entornos que abreven de la libertad surrealista del siglo XX para hablar de nuestra contemporaneidad, atmósferas que funcionen a manera de espejo, cuya aparente distancia estética permita hacer de manera holgada críticas a un régimen, a un sistema de creencias, religión, culto, eventos sociales y políticos; a veces incluso actuar como un caballo de troya, ideas liberales dentro de una estética aparentemente conservadora. Y en última instancia y citando a Leonor Fini “Pintar lo que quiero ver”.

¿Qué es lo que crees que despierta tu trabajo en el espectador?

Espero que despierte preguntas, fascinación envuelta en un poco de nostalgia, emociones que abran espacio en la memoria y la búsqueda de los nobles placeres.

¿Qué elementos son una constante dentro de tu discurso plástico? ¿Por qué?

Creo que un estilo debe ir más allá de los aspectos formales de una obra, si bien es cierto que hay elementos característicos que son parte de esa “caja de herramientas” que con el tiempo caracteriza a cada autor, son los aspectos de fondo los que creo se deben cultivar con mayor atención.

En el caso de un servidor, los elementos formales, las “herramientas” características podrían ser: las atmósferas cálidas, la paleta y el uso de veladuras. Algunos elementos comúnmente representados son los accesorios en los personajes, vehículos y artefactos inspirados en un ejercicio de imaginación en el que la tecnología avanzó en otra dirección a partir del siglo XVIII (sin petróleo), con referencias también al “steampunk” que se inspira en el siglo XIX. Sin embargo los elementos de fondo hablan de un mundo, de un culto por la fortaleza de lo femenino: los papeles de los géneros del “Desayuno sobre la hierba” de Manet cambian: la mujer preside, domina la escena; el hombre puede ser frágil (no débil) y puede ser un objeto de contemplación. Los animales ocupan un lugar casi de devoción, en éstos entornos alcanzan la misma o mayor calidad que el género humano, su carne nunca se sirve en la mesa (soy vegetariano). Las escenas son epicuristas aún dentro de las circunstancias y entornos más adversos: rara vez se representa el dolo o alevosía, los personajes son víctimas de las circunstancias o de ellos mismos, el mayor antagonista es la falta de conciencia, y más allá creo que la constante en la obra en general es el placer.

¿Qué otros artistas te inspiran?

“Ex nihilo, nihil fit”- Nada surge de la nada. La pintura abre un diálogo continuo con su propio pasado, pero también con su presente, abrevando de múltiples fuentes y más hoy, en la era de las imágenes; siempre el más caro anhelo es crear puentes hacia el futuro, signo inequívoco de que la propuesta ha trascendido. De nuestro pasado me gusta fantasear con la idea de la creación de puentes con los grandes barrocos y nuestra contemporaneidad. Rembrandt es técnicamente casi insuperable pero tengo que confesar que Rubens me parece un modelo a seguir, no sólo por su técnica sino por una vida caracterizada por la diplomacia y refinamiento que rara vez se ve en los “enfants terribles” que al público en general tanto fascinan.

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