Rocío Caballero (Perfil Manifesto Art Magazine)

Rocío Caballero (Perfil Manifesto Art Magazine)

Rocío Caballero es una dibujante, pintora y grabadora nacida en la Ciudad de México en 1964. Comenzó su formación profesional en la Escuela de Iniciación Artística No. 4 del INBA y posteriormente cursó la Licenciatura en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”.

Con casi 30 años de trayectoria artística, actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Al día de hoy, entre Estados Unidos y México, ha realizado 20 exposiciones individuales en espacios como el National Museum of Mexican Art de Chicago, en Art Awareness en Nueva York, la Antigua Academia de San Carlos, la Galería de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la Galería José María Velasco en la Ciudad de México. También en la colectividad su obra se ha expuesto en recintos como el Museo de Arte del Antiguo Palacio del Arzobispado, el Museo de Arte Moderno de Toluca, el Museo de los Pintores Oaxaqueños, el Museo José Luis Cuevas, el Instituto Cultural Cabañas y muchos otros que conforman una amplia lista.

Su excepcional capacidad discursiva, así como su irrebatible talento en la pintura le han valido para obtener diversos premios y reconocimientos por su labor, como la I Bienal de Pintura Latinoamericana y del Caribe, la VII Bienal de Pintura Rufino Tamayo, el premio del Salón de la Plástica Mexicana y la X MexAm/IVSC Artist Fellowship, Vermont Studio Center. Además, su trabajo forma parte de numerosas colecciones públicas y privadas, entre las cuales hay que destacar la del National Museum of Mexican Art de Chicago, la Fundación Milenio, la Fundación Black Coffee Gallery, el Acervo Patrimonial del Museo del Arzobispado, el Museo Kaluz y el Instituto de Cultura del Estado de Campeche, uno de los muchos factores que otorgan crédito a la Maestra Caballero como una artista consagrada en la historia de la pintura mexicana.

Su obra nos presenta una serie de personajes familiares a los que la maestra ha bautizado como sus Duendes grises, con los que hace referencia a una encarnación de aquellos adultos que viven y trabajan en razón de un banal poder socioeconómico efímero del que aspiran a ser protagonistas. En su obra que, a lo largo de los años ha resultado en varias series: De ahogos y susurros, El anecdotario de los duendes grises, Los territorios del vacío, el código gris, La búsqueda del paraíso y La búsqueda de la ataraxia, nos encontramos siempre la constante de la investigación de los anhelos y pretensiones terrenales de los hombres que se integran al concepto de Yuppies fríos e indolentes, esclavizados por sus propias construcciones sociales que conforman al hombre de los negocios y la política modernos.

Dentro de su obra, siempre ha dejado muy en claro el papel que juega en el mundo cada personaje que utiliza, su rol en esta cadena alimenticia social que, con gran maestría, Rocío Caballero logra abstraer de la realidad y presentar de manera que nos sea imposible ignorar. Retrata y vislumbra la verdadera cara de esta sociedad regida por un sistema patriarcal centrado en el capital, las corporaciones y el poder. Su trabajo es una muy acertada interpretación del doloso juego de autoridad y sumisión entre los individuos; desenmascarando a aquellos cuyo éxito yace en el yugo y la sujeción ajenos, para presentar una vista más profunda que da cuenta de las carencias morales y espirituales intrínsecas a cada uno de estos sujetos.

Entrevista a Rocío Caballero

¿Cuáles han sido tus últimas búsquedas más recurrentes?

Desde mis inicios retomé a los clásicos de la pintura y la escultura y los deconstruí en mi propio mundo pictórico. Durante mis estudios me interesé en explorar la ambigüedad de la psique humana, más tarde, a inspeccionar las patologías y antivalores desde el poder, el clasismo, el sometimiento, el engaño y la apariencia.

Mi cuerpo de obra la he manejado siempre por series, y las dos últimas décadas las he dedicado a contar visualmente las anécdotas, historia y fábulas de la cofradía de los “duendes grises” que habitan el mundo de Yuppieland.

¿Qué elementos nutren y detonan los universos que proyectas en tu obra?

Los yuppies son esos guapos personajes trajeados y perfumados que aparecen en 2003 durante mi residencia artística en Vermont Studio Center. Me gustaban los hombres “almidonados”, era una fantasía casi fetichista. La serie El anecdotario de los duendes grises inició como un enamoramiento a estos bellos hombres de finanzas y de poder.

Más allá de los juicios sobre su comportamiento, eran sus anécdotas las que me interesaba pintar. Los imaginaba en un estado de ensoñación por su infancia, por ello siempre los pintaba en situaciones absurdas, divirtiéndose como los niños que algún día fueron. Imaginé a esos hombres poderosos, señores de dinero y finanzas regresando a los juegos en triciclo o acompañados de objetos propios de una infancia sesentera o setentera.

Luego imaginé que estos seres eran parte de una cofradía exclusiva, que debían compartir un código, un libro o una escuela, entonces inventé El código gris, el libro que debían estudiar. Organicé la serie por lecciones visuales y las numeré. En estas enseñanzas cada uno tiene que ir cumpliendo una serie de experiencias para llegar a ser un perfecto “Duende gris”. Así los llamé en analogía con los personajes de Frank Kafka y de Michael Ende, en los libros El proceso y Momo.

Fue durante el capítulo III de El código gris que descubrí su verdadera esencia. No eran inocentes, había algo de perverso en ellos, dejaron de esconderse para mostrar lo que siempre habían sido: hombres hedonistas y epicúreos.

En este nuevo mundo distópico que les he construido, ellos se nutren con los sueños que roban, con la fe y esperanza que alientan para someter a los otros; su doctrina es una especie de obediencia ciega que inculcan a sus subordinados mediante el engaño, las apariencias, la prestidigitación, las mascaradas y los hechizos.

La política y la economía actual, principalmente la mexicana, han dado vida y sustancia a mis personajes en esta nueva serie denominada En el reino de Yuppieland.

¿Cómo es, en estos momentos, la relación con tu oficio?

¡Excelente! Me siento una artista madura que se acerca bastante a lo que había visualizado de mí como pintora. Me siento plena y feliz; he crecido como artista tesoneramente, ha sido un trabajo de construcción gradual.

He aprendido a elaborar historias desde la conceptualización y el almacenamiento visual en mi memoria, archivando imágenes, emociones, días, viajes, pláticas, lecturas, películas o caminatas; toda una gimnasia mental que me facilita concebir el mundo que aparece en mis pinturas.

¿Ha cambiado tu percepción del arte y el papel que juega en tu vida? ¿Cómo describirías esta percepción a través del tiempo?

Después de 28 años de actividad profesional y de vivir al 100% a la creación de mi obra, considero que ha existido movimiento y transformaciones en mis ideas, conceptos y la mano misma de pintora. Desde mis inicios en el arte tenía una imagen o expectativa de cómo me quería ver cuando fuera una artista en madurez. Y aunque siempre supe que sería a través de la disciplina y el trabajo constante, he aprendido a invertir y a gastar menos el tiempo y la energía, a tomar atajos y volverme selectiva de lo que es importante y prioritario. El arte ha sido importante como catapulta en mi vida, en el trayecto he aprendido a caer y surfear suavecito de la mano de él.

¿Cómo dialoga tu obra con el tiempo?

Me gusta pensar en la atemporalidad de mi pintura. Las fábulas con las que crecí y aprendí ética y civismo casi de manera utópica, son las mismas con las que se aprende también el mundo distópico. El poder y el uso de éste, siempre han estado presentes y seguirán, así que la veta de la que se han alimentado mis conceptos para desarrollar el mundo de Yuppieland parecen no tener fin, así que pienso: siempre tendrán una excelente conversación con los espectadores. Hoy vemos obras de Goya o de Otto Dix y parecen tan actuales.

¿Consideras el presente algo importante en tu quehacer como artista?

La política y la economía actual, principalmente la mexicana, les han dado vida y sustancia a mis personajes en esta nueva serie denominada En el reino de Yuppieland. Entonces sí, mi obra está nutrida fuertemente por el acontecer actual socio-político.

¿Qué rumbo has percibido ha tomado el discurso de tu obra?

Traduzco la violencia en fábulas distópicas porque no me gustan las imágenes violentas y explícitas, mi toque es más irónico, cargado de humor negro, juguetón. Me gusta seducir con la imagen de los personajes sensuales o graciosos que encriptan el poder y la dominación.

Yuppieland no es un territorio geográfico determinado, es un espacio indefinido, instalado bajo la piel del patriarcado y establecido en la performatividad de lo masculino. En este reino llamado Yuppieland, habitan hombres hedonistas que viven para sí mismos, son egoístas y anárquicos, en constante búsqueda del saber, del equilibrio, de la trascendencia y de la Ataraxia. Su encantadora presencia casi mística, evocan un seductor elitismo, un malditismo glamoroso que muestran con impudicia. Yuppieland es para mí un campo fértil para el pensamiento crítico y la imaginería ficcionada.

¿Cuál es el potencial que ves en el arte, pensando hacia el futuro?

Mientras mantengamos todos nuestros sentidos abiertos y dispuestos a recibir, seguirá el arte sano y en progreso. Los sentidos son las puertas para el pensamiento y entendimiento, elementos básicos para la inteligencia. Ese pienso es el mayor potencial del arte, la apertura de las ideas.

¿Qué es lo que más te impulsa a crear?

Las ganas de contar historias a partir de series pictóricas. ¡Oh sí! lo mío es crear narrativas que dialoguen entre sí, no puedo parar de armarme fábulas y cuentos visuales.

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